Luis Narváez Ricaurte – Revista NJ 145

“Aquellos alrededor del mundo que deseen relacionarse con los Estados Unidos deberán compartir los mismos intereses, valores y aspiraciones”.

En diciembre del 2017, desde la Casa Blanca, el Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, da a conocer urbi et orbe la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos de América (EUA); documento que parte de una premisa que se ha vuelto la piedra angular para la formulación de la política interna y externa de ese país, y que fue formulada como promesa de campaña electoral: American First (Narváez R. L. , Prospectiva electoral de Estados Unidos: implicaciones para la agenda internacional, Ene.-Jun.2016).

Los ejes en los cuales se articulan estos postulados contemplan la revitalización de la economía, la reconstrucción de la estructura militar, la defensa de las fronteras y la protección de la soberanía; todo esto, a través de una política que prioriza los intereses de sus ciudadanos y que protege los derechos soberanos de la Nación, buscando que los Estados Unidos retome el liderazgo mundial, bajo dos arterias principales: la securitista y la económica/comercial.

Los postulados de la Administración Trump se desarrollan en cuatro pilares y una visión estratégica que los articula, permitiendo ejercitar una dinámica de interacción e interrelación con la comunidad internacional, a través de fundamentos que consolida, desde la seguridad, la teoría de la prevención (Narváez R. L. , La Política Exterior en la Administración Trump: galimatías o cambios en los paradigmas, Dic. 2017); y, desde lo económico/comercial, las tesis contra-intuitivas de Laffer (Haeussler Jr. & Paul, 2003, p. 531) –una visión revisada/recargada de las políticas implementadas por la Administración Reagan-.

El primer pilar se fundamenta en la protección a los ciudadanos, la nación y el estilo de vida americana. Este ejercicio se articula a través de asegurar las fronteras y el territorio norteamericano, para lo cual propone mejorar el sistema de defensa contra las armas de destrucción masiva (en inglés WMD) y el combate a la bioamenaza y las pandemias, así como controles de frontera más fuertes y una dura política inmigratoria.

Este ejercicio de política interna interactúa desde el eje de la seguridad, articulando la prevención al impulsar acciones específicas para perseguir las amenazas en la fuente, en cuyo caso las amenazas inmediatas están determinadas en vencer al terrorismo jihadista y el desmantelamiento de las organizaciones criminales transnacionales.

Encuentre este artículo completo en revista digital clic aquí –> NJ145  julio

Impactos: 2

Categories: Reflexiones

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *