Perfil – Dra. Eugenia Silva- Directora

¿Qué prefiere: el litigio o la asesoría?

Me he desempeñado en ambas vertientes pero creo tener una mayor identificación con el litigio, es ahí donde el abogado siente más vibraciones espirituales en la difícil lucha por con- seguir el imperio del derecho como medio para alcanzar la justicia. La asesoría, es más tranquila y apacible, también hermosa y proclive a la creatividad.

¿Qué nos puede referir sobre su experiencia como Magistrado de la Corte Suprema de Justicia de la República del Ecuador?

Los siete años y algo más que viví como Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, constituyeron para mí, el primer gran postgrado; tuve el honor de formar parte de una Corte Suprema en la que habían algunos juristas sabios que me estimularon, en mi condición de benjamín de esa Corte, a prepararme y estudiar mucho, para debatir tesis y además lograr a través de resoluciones y de los fallos de casación, abrir amplios y fecundos cauces para el país, en la búsqueda de la justicia, el desarrollo y bienestar, sobre la base de implantar la seguridad jurídica. Pude observar cómo en el ejercicio de las funciones que cumplimos se agitaron muchas veces las pasiones, y en esa caldeada atmósfera come- timos errores, aunque el balance final fue de más aciertos. Salvando mi persona, creo que la composición de la Corte Suprema de Justicia de 1997 le demostró al país, al menos, dos hechos:

1) Que el Congreso Nacional puede hacer buenas designaciones; y,

2) Que en ese órgano del poder hubo preocupación porque esté representado equitativamente todo el país en su conjunto, circunstancias que ahora generalmente no se cumplen, especialmente, en ese mal engendro que es el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, creado con protervos fines en la Constitución de Montecristi. Fue perjudicial para la estabilidad institucional del país que por coyunturas políticas nos cesaran. Pero más grave fue que al hacerlo se violara el texto y espíritu de la Constitución de 1998 que, a mi juicio, ha sido la que desde el punto de vista normativo más garantías de independencia y autonomía ha dado a la Función Judicial, en toda la historia del derecho constitucional ecuatoriano. Estuve a punto de ser elegido Presidente de la Corte Suprema de Justicia, teniendo como adversario a un gran jurista como fue el Dr. José V. Troya Jaramillo. Sin embargo, no pudo ser y tengo para mí la convicción que hoy confieso que de haber llegado a ocupar tan alta magistratura, hubiese cumplido una gestión exitosa en beneficio de la justicia y el país.

¿Cómo han sido sus inquietudes políticas?

Siempre las he tenido en el buen sentido del término porque no hay ser humano por más insignificante que sea que no tenga ideología, una manera de ver y valorar los acontecimientos y las perspectivas de vida, incluso, vocación por lo público. Tuve en el pasado algunas oportunidades para ser candidato a diputado pero no acepté, por razones que estimé importantes. Ahora, como la mayoría de ecuatorianos, espero que luego de esta transición gubernamental, el Ecuador elija para el año 2021 a un verdadero estadista, que buena falta nos hace, para lo que deviene indispensable que el ciudadano ejerza su derecho al sufragio con responsabilidad y patriotismo.

Fue asesor jurídico de la Presidencia de la República durante el gobierno del Doctor Jaime Roldós Aguilera, ¿cuáles fueron sus ejecutorias?

Así es. El Presidente Roldós estaba en su despacho desde las 7 de la mañana hasta altas horas de la noche, todos los días. En consecuencia, el trabajo que desarrollé fue intenso y agotador. Gocé de la confianza del Presidente Roldós y su esposa Martha, a quien también asesoré algunas veces como Presidenta del INNFA. Mi labor la materialicé a través de dictámenes jurídicos, que fueron puestos a consideración del Presidente de la República. Tuve la satisfacción de que mis dictámenes sobre distintitas materias fueron siempre acogidos por el Presidente Roldós y lo que es más, cumplidos en sus contenidos y alcances. Si alguna vez tuvimos diferencia de criterio, analizábamos nuestros respectivos puntos de vista y terminábamos por ponernos de acuerdo. El Presidente Roldós fue ejemplar en el cumplimiento de la constitución y la ley, un verdadero patriota,

demócrata consumado y enamorado de la promoción y respeto de los derechos humanos, hasta el punto de que nos legó la “Carta de Conducta”, suscrita el 23 de septiembre de 1980 en Riobamba, en la solemne conmemoración del sesquicentenario de la primera constitución política del Ecuador, que buena falta hace aplicarla ahora en latinoamérica y el mundo. En 1981, fue crítico el momento en el que se produjo un conflicto armado con el Perú en la cordillera del Cóndor, en la zona de los destacamentos de Paquisha, Mayaycu y Machinaza, en que me cupo el honor de estar junto al Jefe de Estado, que asumió a plenitud su deber de comandante supremo de las fuerzas armadas. Ahí comprendí que los abogados somos formados para las épocas de paz pero no para las épocas de guerra, en que se maneja una legislación de excepción. Cuando me retiré de la presidencia de la república, mi secretaria tuvo el gesto de regalarme 15 tomos empastados con mis dictámenes y sus soportes, que los tengo conmigo. Además, me debo haber desempeñado bien en el ejercicio de mis funciones, porque luego de la muerte del Presidente Roldós, el Presidente Hurtado al momento de presentarle mi renuncia me pidió e insistió que continuara en el ejercicio del cargo, en actitud generosa que me enalteció y le agradecí, aunque mantuve mi renuncia.

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