Editorial – Yolanda Yupangui Carrillo

Acaba de acceder a la Presidencia del Colegio de Abogados de Pichincha, en elecciones abiertas donde participa con su voto el conglomerado de afiliados. Vuelve a ser la primera, como en muchas de sus vivencias, en alcanzar tal dignidad y un reto, ahora a la cabeza de esta Institución que cobija a miles de profesionales del Derecho, siendo su norte el servicio.


Se define como una mujer que salió de la nada y que prometió a su padre poner su apellido en alto. Y vaya si lo consiguió¡¡¡

Cumplió su promesa, aunque él no pudo disfrutar de los triunfos de su hija.


La vida le ha demostrado que ser mujer es una difícil tarea, la mujer cuando nace, ya viene con discriminaciones que en muchos casos les lleva a privilegiar la maternidad a la educación y su propia superación. Yolanda se casó y fue, como solía ser con las mujeres de su época, ama de casa, madre y dedicada a servir a su ex pareja, a quien, debió pedir autorización para que le permitiera ir a la universidad. Su formación académica la empieza recién a los 33 años, ya con 3 hijos.

¿Pero cómo se inicia Yolita, como todos la conocemos? “Uno de mis principales logros es haber salido de la nada. Cuando ingresé al Tribunal Fiscal de la República lo hice como el último de los empleados, con un sueldo muy bajo, haciendo labores prácticamente domésticas, pasando café. Fui ayudante de secretaria, ayudante de judiciales, luego jefe de judiciales, estuve en la biblioteca, manejé el archivo, dice. Recorrí todas las dependencias del Tribunal porque en todas prendería algo”.


Nos cuenta como anécdota que ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la UCE y asistió a clases llevando a su tercer hijo recién nacido, algo que, pese a que eran tiempos menos solidarios, no generó conflictos con sus profesores. Repartiendo su tiempo entre ser madre, atender y servir en casa, el trabajo en el Tribunal Fiscal terminó como la mejor egresada de su promoción, lo que, nos dice, le pareció que sería el más grande logro de su vida. Ese triunfo ha sido un incentivo para sus hijos, quienes se han preguntado si su madre se daba espacio para lavar, planchar, cocinar, atender a sus hijos, trabajar y estudiar, ellos también deberían hacerlo.


Conoció a José Vicente Troya Jaramillo, quien fuera Presidente del Colegio de Abogados, Presidente de la Corte Nacional de Justicia y uno de los tributaristas más destacados del País, quien le solicitó que sea su asistente de cátedra. Es así como inició su carrera como docente. Fue un honor, comenta, reemplazarlo; cuando el Dr. Troya salió a realizar su especialización le dejó a cargo de sus cursos. Esto motivó a que el decano de la facultad se fijara en ella y le pidiera ingresar como docente universitaria. Paso a paso, siguió las huellas del doctor Troya Jaramillo. “Él fue Presidente de nuestro Colegio y ahora estoy en ese cargo, hubiera querido seguir sus pasos en la Corte Nacional de Justicia, pero los juegos políticos son terribles por eso no llegué”.

La doctora Yupangui nos relata que jamás ha ingresado a cargo alguno por palanqueos, que siempre lo hizo por méritos. En el Tribunal Fiscal, por ejemplo, recorrió muchos puestos, llegando a ser jueza y luego su Presidenta, otro gran logro.


Concursó para la Corte Nacional, fue en ese episodio donde se dio la más notoria discriminación. Fue víctima de una gran injusticia dentro de la propia Justicia.


En el libro “La metida de mano en la justicia”, de Andrés Páez, hay un capítulo sobre su caso. Incluso el juez Baltazar Garzón, veedor del proceso de designación de los jueces de la Corte Nacional, muestra como desplazaron a Yolanda Yupangui para incluir a Lucy Blacio entre los jueces escogidos. “Eso me dolió, y muchísimo: que me bajen del puesto 9 al 35 de un día a otro”.

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