Perfil – Eugenia Silva G.

A lo largo de su vida ha cumplido sus proyectos, ha desarrollado exitosamente su vida profesional y actualmente tiene un gran compromiso con la justicia como Directora del Consejo de la Judicatura en la provincia del Guayas, estoy segura que tendrá importantes resultados. Gracias por aceptar esta entrevista.

De cuna guayaquileña, ¿qué mensaje puede dar a nuestros lectores en las conmemoraciones octubrinas?

Guayaquil siempre ha sido una ciudad libertaria. Digo libertaria no solo con respecto a formas de gobierno, aunque siempre lideremos la lucha por una real descentralización. Este amor a la libertad, pasa también, por nuestros afectos; por poner un ejemplo, es nuestra naturaleza abrazar a nuestros semejantes porque nos nace, no porque nos impone las reglas protocolarias; es nuestra naturaleza ser auténticos sin formas, y, quien sabe si por ello, hemos errado más de una vez. Lo que
subrayo es la naturalidad en nuestros cimientos en las relaciones humanas, personales y profesionales. Si pudiera expresar un mensaje, fuese ese, que nunca dejemos de ser nosotros mismos, que nunca olvidemos que la ética empieza y termina en nuestra verdad.

¿Cómo recuerda su niñez junto a sus padres y familia?

Mi niñez fue muy común y ordinaria. Soy la tercera de cinco hermanos y con ellos compartimos las alegrías y aquellos momentos no tan alegres que siempre suceden cuando eres una niña. La muerte de los abuelitos, la lista de regalos que Papa Noel olvidó, ese dolor terrible de perder dientes, las pesadillas y tomar la sopa que no nos gustaba. Historias graciosas y misteriosas que nos fundaron un mismo origen que hoy nos une sólida y amorosamente.

Cuéntenos de su formación escolar y colegial.

Siempre fui muy miope y creo que antes no se prestaba tanta atención a esas limitaciones de los estudiantes, entonces creo que me perdí de muchas cosas lindas. No recuerdo haber sido buena estudiante de muy pequeña, lo que sí recuerdo es del cariño de mis profesoras y de lo engreídos que eran mis compañeros varones. Lloraban mucho y eso me daba mucha pena. Los últimos años de primaria, me cambiaron a un colegio solo de mujeres y católico: La Asunción, donde recibí la mejor formación cristiana. Formación que agradezco profundamente y lecciones que me han salvado de tanto sinsentido y desesperanza que existe.

Estudió Jurisprudencia en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, ¿cómo nació su vocación por el Derecho?

Creo que fue una vocación que me implantó mi madre. Sin duda alguna, ella hubiese querido ser abogada. En el camino me llamó la atención varias carreras, pero no tuve la oportunidad de tomarlas. Por ejemplo, me hubiera gustado estudiar Historia o Física. Y haciendo cuentas de los años hacia el pasado, puedo darme cuenta que no era posible estudiar eso. Menos para una mujer.

¿Alguna anécdota de esa época?

Al entrar a la universidad, como todo bachiller, caí en la tentación de pensar que el mundo terminaba ahí. Entonces cada materia la estudiaba de acuerdo a la pasión que te inspiraban en ese momento, no vista hacia un futuro. Sin embargo, tuve excelentes maestros y fantásticas anécdotas que me empujaron a madurar pronto. Algunas travesuras, también, te ayudan a crecer. Nunca participé en ninguna actividad política, creo que jamás me llamó la atención aquello.

¿Quiénes fueron sus profesores más admirados?

Edmundo Durán Diaz y Nicolas Parducci. El Dr. Edmundo Durán es mi referente, es el ejemplo de la dignidad en el ejercicio de la profesión y ejemplo de fraternidad como ser humano. El Dr. Nicolás, al igual que el Dr. Edmundo, es referente de sencillez y honradez. Ambos hombres de bien, hombres de Dios.

Sus áreas de especialización están en el Derecho Administrativo, Derechos Humanos y Arbitraje; ¿cuáles han sido sus experiencias en cada una de ellas?

Confieso sin falsa humildad, que me gusta estudiar todo lo que está vinculado a la parte más humanamente visible de la sociedad. Siempre me ha llamado la atención de ¿qué sucede alrededor del abuso de poder?, en todos sus niveles y naturaleza; el poder estatal, el poder eclesiástico, etc. Por ello, he encontrado una vinculación, casi íntima, entre los Derechos Humanos y Derecho Administrativo. Ser Árbitro y Mediadora significa tener la oportunidad de solucionar pacíficamente los conflictos entre las personas. En general, esas especialidades me han permitido tocar y mejorar, con procesos próximos y ágiles, a la vida de la gente.

¿Qué dificultades ha encontrado en el ejercicio de la profesión?

La discriminación, aunque se quiera decir lo contrario, a las mujeres les sigue resultando complicado. Si eres mujer tienes que demostrar que eres inteligente, y si logras superar las pruebas -a veces nacidas del machismo- y quedas aprobada como inteligente y capaz, jamás te van a pagar lo mismo que le pagarían a un varón por realizar la misma tarea. Por el hecho de ser mujer jamás vas a ver el mundo con los mismos ojos que lo miran los hombres. Una mujer tiene una visión mucho más integrada de las cosas, de una empresa, de los problemas, de la justicia, de los conflictos, familiares, etc. Para algunos, esto significa que eres sentimental, romántica, incluso con desórdenes internos o histérica.

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