Eugenia Silva G.

Una felicitación especial en el día del Abogado Ecuatoriano al Doctor Genaro Eguiguren Valdivieso, quien con gran afecto nos recibió en su oficina y luego en su domicilio. La conversación fue muy enriquecedora y pudimos apreciar su gusto por la historia, el arte y la lectura. Su importante trayectoria jurídica es analizada en las páginas próximas. Ocupó funciones de gran responsabilidad en el sector público, especialmente destacamos su presencia como Conjuez y Magistrado de la Corte Suprema y Nacional del Ecuador, respectivamente.

Su vocación por el derecho le condujo a la cátedra universitaria, donde por años ha venido formando a sus estudiantes con gran entrega. Asesor y consultor en el ámbito privado tiene como meta concluir otras publicaciones especializadas como las que ya ha brindado con anterioridad a la sociedad.

De origen lojano, ¿puede hablarnos de su familia y de su ciudad natal?

Así es, de origen y esencia lojano. Nací y viví hasta los 18 años en Loja, hasta enton­ces una pequeñita ciudad, en la que todos nos conocíamos y en la que todo se podía hacer a pie. Soy el cuarto de nueve her­manos, he tenido 18 tíos y 89 primos. Mi madre vivió hasta los 85 y mi padre pasó los 97.

El gran catedrático Doctor Eduardo Carrión Eguiguren, también lojano, ¿fue su familiar?

Si, era primo de mi padre, lo conocí y fui su alumno en Quito, en la Universidad Católica. Maestro de los que dejan el alma en sus clases, de aquellos con los que es imposible no aprender. Me marcó su es­tilo, fui su émulo, más tarde, de la materia que recibí con él, fui profesor 28 años en la Universidad Central.

¿Cómo fue su experiencia en el Colegio La Salle donde cursó estudios?

La vida de colegial es inolvidable. Ahí se hacen los amigos que duran toda la vida, donde quiera que estén. Colegio confesio­nal y profundamente humanista que deja su impronta en todos los jóvenes.

¿Cómo decide estudiar Jurisprudencia y venir a Quito a la Universidad Católica del Ecuador?

Yo no decidí venir a estudiar en Quito, lo decidió, al principio contra mi volun­tad, mi madre, ahora se lo agradezco. Muy duro dejar la comodidad de la ciudad pe­queña, la familia larga y los muchos ami­gos. Muy duro empezar sin eso o al menos irlo construyendo.

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