Ricardo Vaca Andrade – NJ 146

1. La ética se pregunta por las acciones del hombre. La ética no se preocupa por las teorías, no se preocupa por la estructura de la materia o el origen del universo. La ética no se preocupa de describir la realidad o como son las cosas. La ética es un saber práctico basado en que las cosas pueden ser de otra manera, cambiar, modificarse. La ética se pregunta por lo que las personas hacen, como obran, como actúan. El hombre puede no pensar, pero lo que no puede hacer es dejar de actuar. Inevitablemente todas las personas estamos involucradas en actos, en acciones.

Fausto de GOETHE dice con razón: “En el oleaje de la vida, en la tormenta de la acción, subiendo y bajando, de aquí para allá, me agito yo. Cuna y sepulcro, un sempiterno mar, un cambiante tejer, una hervorosa vida”.

2. La ética pretende orientar la acción humana. La ética no es un catálogo de soluciones o un recetario para afrontar los problemas, ni un conjunto de mandamientos que tenemos que cumplir si queremos ser felices. La ética es más humilde y por ello más humana y más cercana al corazón: la ética orienta, guía, propone, motiva, hace pensar para que cada persona y cada comunidad descubran su bien. La ética nunca es algo cerrado ni dado al hombre de una vez por todas. Lo bueno para el hombre es algo abierto y en una continua búsqueda. En la vida hay una continua actividad dedicada a buscar lo que es bueno para el hombre.

La ética no es un conjunto de prohibiciones, un catálogo para identificar maldades o un conjunto de advertencias a los peligros del placer. La ética es algo positivo y afirmativo que nos ayuda a encontrar los bienes de nuestra vida, los bienes que nos dan la vida, que sostienen nuestra existencia. La ética nos enseña a vivir bien haciendo el bien, nos enseña lo bueno de la vida. La ética nos enseña a saber vivir.

3. La ética pretende que obremos racionalmente. Nos explica a nosotros mismos y a los demás nuestro modo de actuar. Apuesta por nuestra racionalidad por encima del instinto o de los sentimientos sin dejarlos a un lado arrinconados. La ética utiliza conceptos, criterios, argumentos, teorías. Sus herramientas no son los gritos, ni las presiones, ni las maniobras, ni las manipulaciones, ni mucho menos la retórica superficial. No pretende ganar, ni vencer, ni avasallar; se trata de descubrir la verdad, de esclarecer la bondad, de perseguir el bien. No valen los argumentos prepotentes de las autoridades, como “porque me da la gana”, o “porque aquí mando yo”, o peor aún “porque si”. Los argumentos de la autoridad valen, pero sustentados en razones. Las personas tienen que aprender a dar las razones de sus actuaciones, argumentando, motivando sus resoluciones o decisiones.

Por eso la ética nos enseña a tomar decisiones prudentes, a deliberar bien para realizar la acción más adecuada. La vida es una búsqueda y un camino en el cual encontramos muchas encrucijadas en donde tenemos que optar y decidir. Las personas nos podemos equivocar, pero de una elección equivocada o poco afortunada únicamente es responsable quien la tomó. No sólo buscamos el bien, sino elegir bien.

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