Eugenia Silva G. – Directora

Ecuatoriana enamorada de su ciudad de origen Guayaquil, ¿cómo se desarrolló su niñez? Cuéntenos de sus padres Edmundo Murrieta Valverde y Luzmila Wong.

Recuerdo las mañanas frescas de rocío, cuando de la mano de cualquiera de mis padres o de una de las empleadas caminaba al jardín de infantes que no estaba lejos de nuestra casa. Me encantaba ir pisando las hojas secas de los árboles que se encontraban caídas en los parterres y sentía el placer crujiente bajo mis pies. Costumbre que me acompaña hasta ahora, siendo, -no sé si por nostalgia-, “las hojas muertas” una de mis canciones favoritas. Mis progenitores eran melómanos. Por eso, crecimos mis siete hermanos y yo, escuchando siempre los valses de Strauss y toda clase de música, desde la clásica a la popular, incluida la nacional. Mi padre, quien era un académico, gustaba mucho de la buena lectura y fue quien me enseñó a leer cuando yo tenía cuatro años. Fue una felicidad sin nombre la que experimenté cuando leí “El Universo”, que era nuestro material didáctico. El sembró en mí esa pasión y todas las noches me llevaba un cuento que yo leía y releía durante mis horas ocias, lo que me hizo desarrollar, además, una gran imaginación. Me perdía entre los inmensos corredores y palacios de las princesas y me creía una más de ellas.

Mi abuela paterna, Ana, se sentaba en una mecedora y nos reunía a los nietos. Sentados en el suelo, escuchábamos la lectura de Las Mil y Una Noches. Así, mi vida era una total diversión usando una varita mágica con la que intentaba cambiar el universo. Mi madre, también muy amante de la lectura, -ni El Quijote de la Mancha se le escapó- nos preparó siempre para la vida, señalándonos la ruta de la excelencia académica, y vendiéndonos constantemente la idea de que debíamos casarnos una vez que tuviésemos nuestra profesión. Ella era bastante estricta y nos impartía la disciplina necesaria para controlar a ocho vástagos. Además, todo lo graficaba con refranes, muchos –decía- extraídos de El Quijote, los cuales recuerdo con mucha frecuencia.

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